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En el caso del "Enorme retrato de la joven mujer con flauta", trabajé con uno de los métodos usados por los pintores fotorrealistas -como Chuck Close- en los cuales una imagen, en ambos casos un retrato, es reticulada y cada pequeño recuadro, al ser aislado del conjunto, se convierte en una composición abstracta. Sólo que yo no intenté esconder el método, al contrario me interesaba evidenciarlo, pues consideraba que era una manera de incluir la temporalidad del proceso pictórico en la pieza misma, sin despreciar por ello el producto final, como suele ocurrir a menudo en el arte procesual.
Ciertamente, yo también manejé cada detalle como un motivo abstracto, pero además de cotejar los parecidos con la ilustración en la que me basé, mi deseo al hacer dicha pieza surgió de un interés por entender el cuadro como un sistema en el que cada forma, cada color, cada pincelada están asentados sobre la tela de una manera precisa, con un gesto específico, insustituible; producto de la interpretación, que es también entendimiento, de la "intención del ver", como escribiera Manuel Marín, es justo aquí donde me interesaba hurgar.
La intención no era sólamente transcribir color por color y forma por forma, sino penetrar en el cuadro, interrogarlo, crear un diálogo, un desmembramiento virtual. ¿Cómo están conformados los objetos?, ¿Cómo los toca la luz?, ¿Los "toca" o es la luz lo que los conforma?, ¿Qué tratamiento requiere dicha luz?, etc. Preguntas como éstas se hace un copista, pero es un error decir "como éstas" porque no se trata de un interrogatorio verbal, sino visual
El copista pregunta y el cuadro responde con tautologías: la respuesta al "cómo" de un pan pintado por Vermeer sólo está en ese pan apareciendo ante sus ojos, del que intenta reproducir no sólo sus formas y colores, también los movimientos de mano y pincel con los que intuye que fue elaborado. Entonces ver y hacer se funden en un sólo acto: el copista observa para hacer, pero al hacer ve.
En "La dentellière bajo prescripción" continué trabajando con cuadros clásicos. Se trata de una serie de cinco copias de "La dentellière" de Johannes Vermeer realizadas a partir de los datos tomados de cinco ilustraciones de libros impresos en diferentes fechas (desde las primeras impresiones a color de los años 50 y 60s hasta las nuevas técnicas) y con diferentes calidades de impresión. Pero al hablar de información, no me refiero solamente a las medidas o la técnica especificadas en los libros, sino, también, a la información visual tomada de cada ilustración.
Si uno no ha visto el cuadro original en el Museo del Louvre puede preguntarse perplejo a cuál de las diez reproducciones- si añadimos las que yo realicé- se parece más el cuadro original. Si queremos ir más lejos podemos añadir las dentellières de otras reproducciones, las copias que han hecho otros pintores, los recuerdos que guarda la gente en su memoria o las distintas maneras en que cada quién lo ve. Y así podríamos seguir multiplicando las dentellières como en un juego de espejos que se extiende hasta el infinito. Entonces, ¿cómo es la verdadera Dentellière?
Virginia Bonilla

La dentellière bajo prescripción | 2006 | óleo / tela | 5 piezas, varias medidas






Enorme retrato de la joven mujer con flauta (según Vermeer) | 2006 | óleo / madera | 180.5 x 162.5 cm (25 tableros de 34.5 x 30.9 cm c/u)
